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APOCALIPSIS 2 : 1 - 7

ESTUDIO Nº 9

No sé si esta historia que le voy a contar es real o inventada por alguien. Pero vale la pena citarla como introducción al tema que trataremos el día de hoy. Una pareja de enamorados estaba conversando por teléfono. El elocuente galán declaraba su amor por ella en los siguientes términos: Te amo tanto que por ti soy capaz de dar la vida. Haría cualquier cosa por ti, lo que me pidas. Atravesaría mares, cruzaría ríos, ascendería montañas, me enfrentaría con fieras salvajes, caminaría sobre carbones ardiendo. Entusiasmada por tan exuberante declaración de amor, la chica preguntó al muchacho: Mi amor, ¿Me vendrás a ver esta noche? Claro... responde el chico, siempre y cuando no esté lloviendo.

Suena gracioso pero así es de falso y superficial el amor de mucha gente hacia Jesucristo. Es amor de labios para afuera. Eso fue lo que el Señor notó y denunció en la iglesia de Efeso. El pasaje bíblico se encuentra en Apocalipsis 2:1-7. Comienza con una descripción del remitente del mensaje, luego pasa a describir la realidad de la iglesia. Entonces hace un reclamo a la iglesia prosigue haciendo una recomendación a la iglesia y termina hablando de una recompensa a la iglesia.

Recuerde las cinco “R’s” Remitente, realidad, reclamo, recomendación y recompensa. Muy bien, vayamos a lo primero.

Apocalipsis 2:1 dice: “Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto”

Quien está recibiendo la orden de escribir es el apóstol Juan. Lo que escribió está dirigido al ángel de la iglesia en Efeso. Esto se refiere a la persona que como mensajero de Dios habla a nombre de Dios a los creyentes congregados en el nombre de Cristo en Efeso, o la iglesia local de Efeso. Bajo César Augusto, Efeso se convirtió en la capital de la provincia romana llamada Asia, que forma hoy la parte oriental de Turquía. Fue la residencia del apóstol Juan, antes y después de su destierro en Patmos. Era famosa por su templo a la diosa pagana Diana o Artemisa. Pero note como se describe a sí mismo el remitente del mensaje. Dice que es el que tiene las siete estrellas en su diestra. Según lo que vimos en Apocalipsis 1:20, las siete estrellas representan a los siete ángeles de las siete iglesias, en clara alusión a los mensajeros o los líderes o los ancianos de las siete iglesias.

Qué grato es para los que somos ancianos de una iglesia local, saber que estamos en la mano derecha del Señor de la iglesia, Jesucristo. No puede haber posición de mayor autoridad y posición de mayor seguridad. Además, el remitente del mensaje anda en medio de los siete candeleros de oro. También en Apocalipsis 1:20 vimos que los siete candeleros de oro representan a las siete iglesias. De aquí podemos saber que la iglesia es tan preciosa como el oro para su Señor. Pero observe la acción de Jesucristo. Anda en medio de las siete iglesias. Esto significa que Jesucristo examina con detenimiento cada detalle de marcha de cada iglesia local.

Apocalipsis 2:2-3 dice: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.”

La iglesia de Efeso tenía una apariencia externa envidiable. Jesucristo nos muestra que era una iglesia que hacía obra. Era una iglesia en la cual todos los creyentes trabajaban hasta el cansancio. Era una iglesia que no se detenía a pesar de la persecución. Era una iglesia celosa de la sana doctrina. Sabía detectar a los lobos vestidos de ovejas y los ponía en evidencia como mentirosos. Era una iglesia sufrida y paciente.

Y decían que todo lo hacían por amor de Jesucristo. ¿Pero en realidad era así?. Aquí viene el pero. Jesucristo quien no se deja impresionar por lo externo, reconoció un grave problema en la iglesia de Efeso.

Apocalipsis 2:4 dice: “Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor.”

Este es el veredicto solemne de aquel que no solo se fija en las acciones sino en las intenciones del corazón. La pasión había desaparecido, el fuego se había apagado, solo quedaban las cenizas, y eso se manifestaba en hacer las cosas por inercia, mecánicamente, por mera costumbre. La actividad era incesante, pero la razón para realizar esa actividad era cualquier cosa menos un amor genuino al Señor. La cantidad de creyentes era maravillosa, pero la calidad espiritual de esos creyentes era desastrosa. Ya no ardía en ellos la pasión por el Señor. Pero ¿a qué se refiere Jesucristo cuando habla del primer amor? ¿Se lo puede describir de alguna manera? El primer amor es el amor que tuvimos hacia Jesús la primera vez que le conocimos. Es ese amor que nos hacía latir el corazón más aprisa cuando pensábamos en él. Pero no solo era emoción. Era también acción. Es ese amor que estaba dispuesto a todo si la persona amada lo decía. Cuánto nos falta este tipo de amor a nuestro Señor. ¿Verdad? Siempre me he preguntado y me seguiré preguntando, ¿cuánto de lo que se hace en las iglesias locales parte de una devoción sincera y amorosa al Señor? Porque mucho me temo que la mayoría de las iglesias locales hoy en día se parecen mucho a la iglesia de Efeso.Por fuera son hermosas, por su trabajo y dedicación, pero por dentro están carcomidas por ese cáncer de haber dejado su primer amor. Es el reclamo de Jesucristo a la iglesia de Efeso.

Apocalipsis 2:5-6 dice: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaitas, las cuales yo también aborrezco.”

¿Qué hacer para resolver ese galopante problema de haber abandonado el primer amor? Jesucristo recomienda a los creyentes de Efeso tres cosas importantes.

Primero: Recuerda. ¿Recordar qué? Pues, de dónde has caído. Es necesario hacer memoria de la frescura y fervor de nuestro primer amor hacia el Señor.

Segundo: Arrepiéntete. Esta palabra significa un cambio de mente. Implica reconocer lo frío que ha llegado a ser nuestra relación con el Señor y luego hacer todo lo posible para encender nuevamente la pasión por él.

Tercero: Haz las obras que solías hacer cuando estabas en tu primer amor.

Si ha habido un genuino arrepentimiento, estas obras ya no serán un mero ejercicio mecánico de cosas aprendidas en el pasado, sino que serán una franca demostración del amor genuino y fervoroso a nuestro Señor. La decisión la tenían los creyentes de Efeso y también Usted y yo. Si no se aceptaba la recomendación del Señor, había una advertencia muy seria. Jesucristo vendría pronto y quitaría el candelero de su lugar. No olvide que el candelero significa la iglesia local. Si la iglesia de Efeso fallaba en volver a encender el amor al Señor, estaba en peligro de desaparecer. Tristemente, la iglesia de Efeso no recibió la recomendación del Señor. Esto lo sabemos, porque muy pronto dejó de existir. Jesucristo había retirado el candelero de su lugar. Qué triste. Es la consecuencia de hacer cosas sin poner el corazón en lo que hacemos. J

unto con la advertencia, Jesucristo tiene palabras de elogio a la iglesia de Efeso. No todo estaba mal, había cosas buenas también. La iglesia de Efeso aborrecía la obra de los nicolaítas. De estos nicolaitas se sabe muy poco.

Lo más que podemos decir es que parece que se trataba de personas que obtenían ganancias deshonestas del servicio, entre comillas, a Dios. Los típicos vividores del evangelio, que siempre ha habido y ciertamente hay hoy en día.

Finalmente, en quinto lugar, Jesucristo hace una promesa de recompensa no solo a los creyentes en Efeso sino a todo creyente que lea el libro de Apocalipsis. En el capítulo 2 versículo 7 dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.”

Es la solemne promesa de Dios a los que con sinceridad reciben a Cristo como Salvador. No para los que lo hacen de labios para afuera y mecánicamente imitan las acciones de los verdaderos creyentes. Los vencedores son los verdaderos creyentes quienes reconocen que han dejado su primer amor, se arrepienten y vuelven a ese primer amor. Jesucristo les dará a comer del árbol de la vida. El fruto es vida eterna. Los vencedores no son salvos por volver al primer amor, sino que el hecho que volvieron al primer amor es una demostración de que son salvos y por eso tienen vida eterna.

¿Es Usted un verdadero creyente? Si lo es, ¿cómo está su relación íntima con el Señor? ¿Se ha enfriado? Es hora de volver a encender la pasión por el Señor. Estudie la Biblia a fondo, ore como nunca antes y pronto estará nuevamente en la hermosa relación del primer amor con su Salvador.