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APOCALIPSIS 16 : 8 - 16

ESTUDIO Nº 49

Apocalipsis capítulo 16 es uno de los capítulos más trágicos de la Biblia, porque en él se relata los últimos juicios de Dios sobre la tierra durante la tribulación. En estos juicios, conocidos como los juicios de las copas, se consuma la ira de Dios sobre un mundo que neciamente ha levantado los puños en rebeldía contra él. Mientras los ángeles encargados de derramar las copas de la ira de Dios sobre la tierra, van cumpliendo su función ordenadamente, la tierra, y todo lo que en ella hay se va convulsionando más y más.

El primer ángel derramó su copa sobre la tierra, e inmediatamente los cuerpos de todos los seguidores del Anticristo en el mundo se vieron cubiertos de llagas malignas y pestilentes. Acto seguido, el segundo ángel derramó su copa sobre la tierra, y el mar se transformó en una gigantesca poza pestilente de sangre como de muerto y murió todo ser vivo que había en el mar. Después le correspondió derramar su copa sobre la tierra al tercer ángel y tan pronto lo hizo, toda el agua dulce de la tierra se convirtió en sangre. Los moradores de la tierra se verán forzados a beber sangre. Es el castigo de Dios a los que derramaron sangre inocente durante la tribulación. También es la respuesta de Dios a la plegaria de las almas de los mártires de la tribulación quienes pedían a Dios que haga justicia.

A estas alturas de los acontecimientos, tenemos entonces a los súbditos del Anticristo sufriendo intenso dolor por las llagas malignas y pestilentes, sin mar y sin agua dulce. Estarán al borde mismo de la locura. Pero Dios tiene preparado más cosas.

Apocalipsis 16:8-9 dice: “El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.”

Cuando el cuarto ángel entra en acción, el contenido de su copa se derrama sobre el sol. Esto trae cambios radicales sobre el astro rey. De pronto comienza a irradiar mucho más energía térmica que la normal. Como resultado de ello los habitantes de la tierra sufrirán terribles quemaduras. Si alguna vez ha sufrido quemaduras de sol accidentales, sabrá lo dolorosas que pueden llegar a ser.

Pero esto es nada en comparación a las quemaduras que soportarán los hombres impíos durante la tribulación. ¿Puede imaginar la situación? Los hombres impíos estarán cubiertos de llagas malignas y pestilentes, muertos de sed porque toda el agua dulce se transformó en sangre. No tendrán tampoco el mar para refrescar sus cuerpos porque para entonces se habrá transformado en una charca pestilente de sangre como de muerto. Sobre esto, un sol tan ardiente que quemará todo aquello que entra en contacto con sus rayos. Desaparecerá todo el verdor de la tierra. No quedarán hojas verdes en los árboles. No habrá plantas ni hierba. El calor será insoportable. ¿Qué hará la gente en esas condiciones? Es algo muy triste. Dice el texto que la gente blasfemará el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas. El corazón de la gente impía estará tan endurecido que a pesar de estar sufriendo lo indecible seguirán diciendo cosas ofensivas contra Dios y no se volverán a Él ni lo alabarán, aun cuando sabían que Dios tiene poder sobre las calamidades que estaban soportando. Hoy en día acontece este mismo fenómeno en pequeña escala. Cuando la gente sufre desastres naturales, en lugar de caer de rodillas delante de Dios y arrepentirse de sus malas obras, se dedican a hablar mal de Dios.

Dicen cosas como: Si Dios es poderoso por qué no evitó este desastre. O Dios es injusto porque ha permitido que este desastre acontezca. El corazón del hombre incrédulo no cambiará mucho entre ahora y la tribulación.

Apocalipsis 16:10-11 dice: “El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.”

El quinto ángel derramó su copa, sobre el trono del Anticristo. Al instante se abatieron densas tinieblas sobre sus dominios. Todo quedó tan oscuro que no se podía distinguir ni siquiera al que estaba al lado. La angustia de la gente será tal que comenzarán a morderse de dolor sus lenguas.

Será como estar en las puertas mismas del infierno. Dolor espantoso a causa de las llagas malignas y pestilentes, terrible sed sin gota de agua para calmarla porque toda se convirtió en sangre, un calor insoportable y todo rodeado de las más densas tinieblas. La Biblia nos presenta la reacción de la gente que padecía este suplicio. Dice que ni aun así dejaron de hacer el mal, sino que a causa de sus dolores y sus llagas dijeron cosas ofensivas contra el Dios del cielo. Increíble, pero cierto. Es el resultado de un corazón endurecido por el pecado. Pero Dios prosigue con su juicio predeterminado.

Apocalipsis 16:12-16 dice: “El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.  Y los reunió en el lugar que en Hebreo se llama Armagedón."

La copa que derramó el sexto ángel afectó directamente al río Eufrates. El gran río Eufrates, como lo llama la Biblia, tiene una extensión de casi 3000 Km. Desde las faldas del monte Ararat hasta el golfo Pérsico. Este río era el límite de la tierra prometida a Israel en la parte oriental. De una manera sobrenatural, la acción de la copa derramada por el sexto ángel hace que se seque completamente el agua que ya debió haber sido escasa por el calor abrasador del sol enrarecido. El lecho seco de este gran río sirve de acceso ideal para los reyes del oriente, lo cual se refiere a un ejército poderoso de varias naciones orientales.

Ha quedado expedito el camino para que un ejército de varias naciones orientales confederadas pueda llegar sin dificultad al territorio de Israel. Inmediatamente Juan contempla que de la boca del dragón o Satanás, de la boca de la bestia o el Anticristo y de la boca del falso profeta salen tres espíritus inmundos a manera de ranas. Se trata de demonios. El hecho que salen de la boca de la trilogía satánica significa que son lo mejor que Satanás y sus aliados pueden producir. Su arma secreta. Su parecido a las ranas nos habla de su extrema vileza, ya que las ranas son animales inmundos para los judíos. También nos habla de sangre fría para lograr sus objetivos.

Las ranas son animales de sangre fría. Además tenían poder sobrenatural para realizar señales. Esto significa que eran expertos en realizar milagros. Su habilidad para realizar todo tipo de milagros hará que sean aceptados sin reservas por los habitantes de este mundo. Una vez más, note que la capacidad para realizar milagros no es exclusiva de algunos siervos de Dios, porque también algunos siervos de Satanás pueden hacerlo. Así como no todo lo que brilla es oro, no todo el que hace milagros es de Dios. Pueden tratarse de siervos de Satanás engañando a la gente.

Mucho cuidado con atribuir a Dios todos los milagros que supuesta o verdaderamente realiza tanta gente hoy en día. Estos tres demonios recurren a los reyes de la tierra en todo el mundo. Es decir a los que tienen autoridad sobre las naciones, pueblos o lenguas. Con sus artimañas y poderes sobrenaturales engañarán a los reyes de la tierra para convencerlos que lo mejor es enviar sus ejércitos a una batalla final. Seguramente pensarán que esa guerra resolverá todos los problemas de la tierra. La Biblia por tanto relata que prácticamente todos los ejércitos del mundo se congregarán en un solo lugar para pelear contra Jehová y contra su Hijo el Señor Jesucristo. En este punto, Dios entrega un mensaje de ánimo a los creyentes en la tribulación. La segunda venida de Cristo está a la puerta. Ocurrirá el momento menos pensado, como cuando un ladrón entra a saquear una casa. Dichosos los que estén alerta el momento que Cristo venga por segunda vez, serán como la persona vestida que no tiene problema alguno para salir aprisa de su casa.

Desdichados los que estén dormidos cuando Cristo venga por segunda vez, serán como la persona que no sabe donde está su ropa para vestirse en un caso de emergencia y se verá forzado a salir desnudo de su casa. Los demonios engañarán a los reyes de la tierra para reunirlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso, pero sobre los demonios está Dios. Él es soberano. Por eso el pasaje bíblico termina diciendo que en realidad es Dios quien los reunió en el lugar que en Hebreo se llama Armagedón. La batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso es la batalla de Armagedón. Esta palabra Hebrea tiene dos partes. Ar y Meguido, lo cual significa Monte de Meguido. El nombre sugiere la batalla final, ya que en la llanura del Monte de Meguido, también llamada llanura de Jezreel o llanura de Esdraelón, se han librado las batallas más famosas del medio oriente.

Una vez que se ha derramado la sexta copa, tenemos entonces a los ejércitos de todo el mundo congregados para la gran batalla de Armagedón.