Make your own free website on Tripod.com

APOCALIPSIS 11 : 1 - 2

ESTUDIO Nº 34

Para ubicarnos en el contexto, recuerde, que cronológicamente estamos más o menos a la mitad de los siete años de tribulación sobre la tierra. Ya han tenido lugar los juicios de los siete sellos y los juicios de seis de las siete trompetas. Para entonces, la naturaleza entera estará en ruinas y más del 50% de la población mundial habrá sucumbido en los terribles juicios que Dios enviará sobre la tierra. Al llegar a este punto del relato de eventos y antes del juicio de la séptima trompeta, encontramos un paréntesis.

El capítulo 10 de Apocalipsis nos mostró a un ángel fuerte, a quien identificamos como el Señor Jesucristo, quien descendió del cielo y teniendo en su mano un librito abierto, puso un pie en el mar y el otro en la tierra, reclamando para sí lo que ganó con su sacrificio en la cruz. Una voz del cielo pidió a Juan que tome el librito que el ángel fuerte tenía en su mano. Juan obedeció la orden y tan pronto tuvo el librito en su mano, el ángel fuerte le dijo que se lo coma. Juan lo hizo y lo encontró dulce como la miel, pero cuando llegó el bocado a su estómago, le amargó el vientre. El librito es la palabra de Dios, dulce como la miel, pero su contenido acerca del destino de los impíos en la tribulación conmueve las entrañas. Por eso es que debemos alertar al pecador con vigor, con vehemencia si quiere, para que arregle sus cuentas con Dios y no corra el riesgo de sufrir lo que está por venir en la tribulación. Juan tenía que anunciar las malas noticias acerca de lo que le espera a la gente impía durante la tribulación. Qué interesante, para los creyentes, lo mejor está por venir, pero para los incrédulos, lo peor está por venir.

Llegamos así al capítulo 11. Lo primero que encontramos son eventos relacionados con un templo. Veamos qué es lo que tenemos.

Apocalipsis 11:1-2 dice: “Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa, cuarenta y dos meses.”

Nuevamente vemos a Juan no solo como testigo de los eventos, sino como actor de los eventos. Juan recibe una caña, de las que se usaba para medir. Juan no identifica a la persona que le entregó esa caña para medir.

En todo caso, Juan la tiene en sus manos. Inmediatamente escucha una voz diciéndole: Levántate y mide el templo de Dios, y el altar y a los que adoran en él. También Juan recibió órdenes de dejar aparte, o no medir el patio que está fuera del templo. La razón para esto es que este patio fuera del templo ha sido entregado a los gentiles, quienes hollarán la ciudad donde está el templo por cuarenta y dos meses. Varias cosas son dignas de comentar aquí. Primero la acción de medir. Esto ha ocurrido en otras partes de la Biblia como Ezequiel 40 y Zacarías 2.

En ambos casos significa que Dios está apartando algo que es suyo. Lo mismo sucede en Apocalipsis. Dios está apartando para él dos cosas. Por un lado, el templo de Dios, esto se refiere al lugar santísimo y al lugar santo, no al templo en su totalidad. Por otro lado, el altar y a los que adoran en el altar. La referencia a los que adoran en el altar, hace pensar que se trata del altar de bronce en el patio de los sacerdotes, que a su vez estaba en el patio de Israel, lugar al cual solamente los varones de Israel estaban autorizados a permanecer. A Juan se le dijo que el patio que está fuera del templo lo deje aparte y no lo mida. Esto se refiere a lo que se conoce como el patio de los gentiles. Los gentiles, o los no judíos estaban prohibidos de ingresar a los patios interiores bajo pena de muerte. El hecho que a Juan se le pida que no incluya en sus medidas el patio de los gentiles significa que Dios rechaza a los gentiles incrédulos que por siglos han oprimido al pueblo escogido de Dios y seguirán haciéndolo durante la tribulación.

En segundo lugar es digno de notar que estamos hablando de un templo que por ahora no existe, pero que existirá durante la tribulación. ¿Qué significa esto? Pues que en un futuro cercano se volverá a edificar un templo en Jerusalén y no puede ser en otro lugar sino en el que Salomón edificó el templo en su tiempo. Esto representa vencer obstáculos que por ahora parecen insalvables. El hecho es que en el lugar donde Salomón edificó en su tiempo el templo, ahora se levanta un lugar sagrado de los Musulmanes, conocido como El Domo de la Roca, que es característico del paisaje actual de la ciudad de Jerusalén. Debajo de este domo está la roca sobre la cual supuestamente Abraham estuvo por sacrificar a su hijo Isaac, sobre la cual más tarde se asentaba el arca del testimonio dentro del lugar santísimo en el templo de Salomón y el lugar desde el cual, según los Musulmanes, su profeta Mahoma ascendió al cielo. Es decir que este sitio reviste especial interés tanto para judíos como para musulmanes, pueblos con una tradición de sangrienta rivalidad.

Por ahora es difícil pensar que algún día los musulmanes van a permitir que se quite de ese lugar el Domo de la Roca para que los judíos edifiquen allí su templo, pero eso es lo que va a pasar en el futuro. Aunque se debe señalar también que según lo que aparentemente son investigaciones arqueológicas serias, se ha descubierto que el templo de Salomón no estaba en el lugar donde se da por sentado que estuvo y donde se levanta hoy en día el Domo de la Roca, sino a unos cuantos cientos de metros de allí, lo cual facilitaría que Israel edifique su templo sin necesidad de que se derroque el Domo de la Roca. Más aún, el Domo de la Roca en su posición actual quedaría en el patio de los gentiles, del templo que está por construirse, es decir, en esa parte que se le pidió a Juan que deje aparte o que no lo mida. Incidentalmente, el templo del que estamos hablando, al cual se refiere Apocalipsis 11:1-2, conocido como el templo de la tribulación, no es el mismo templo del milenio. El templo del milenio será el templo más fastuoso jamás construido, cuyos planos y más detalles aparecen en Ezequiel 40-46. Pero el templo de la tribulación será una edificación que se levantará poco antes del comienzo de la tribulación o al inicio de la tribulación.

¿Sabía Usted por ejemplo que hace como dieciseis años atrás se intentó poner la primera piedra del templo de Jerusalén en la explanada junto al muro de los lamentos?.

Esto apareció en la revista Israel Mi Gloria Vol. 48 No 3 en un artículo escrito por Elwood McQuaid, en el cual dice que la fiebre por reedificar el templo de Jerusalén por parte de algunos judíos ortodoxos, llegó a un clímax cuando en Octubre de 1989 se intentó colocar la primera piedra en la explanada junto al muro de los lamentos. El permiso para realizar este acto fue negado por las autoridades israelíes por las imprevisibles complicaciones que podría ocasionar a la relación árabe-israelí, y esto hizo que Yehuda Cohen y sus seguidores coloquen la primera piedra del futuro templo en un lugar cercano, esperando el momento cuando sea trasladada al lugar correcto.

Esto me dice, que está muy cercano el momento cuando se inicien los trabajos de construcción del templo de la tribulación y a su vez esto me dice que está muy cercano el día cuando la iglesia sea arrebatada y comience la tribulación sobre la tierra.

Para terminar, permítame explicar ese asunto acerca de los gentiles hollando la ciudad santa o Jerusalén por cuarenta y dos meses. En Daniel 9: 27 dice: “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” La semana de la cual habla Daniel se refiere a los siete años de tribulación. Quien confirma el pacto con muchos es el Anticristo. Los muchos son el pueblo judío. Los términos del pacto tendrán que ver con protección para Israel, pero más aún, con el apoyo para que Israel edifique su templo de modo que puedan hacerse sacrificios y ofrendas como dice Daniel en su profecía. Pero el pacto no durará por mucho tiempo, porque a la mitad de la semana, es decir, cuarenta y dos meses después de firmado el pacto, el Anticristo hará cesar los sacrificios y las ofrendas en el templo y se erigirá él mismo como el único digno de recibir adoración en el templo.

Sobre esto nos habla 2 Tesalonicenses, cuando hablando del Anticristo dice: “el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.” A esto se opondrá con fiereza el pueblo de Israel. Si no aceptaron adorar a Jesús el verdadero Cristo, menos aún aceptarán adorar al Anticristo. Esto hará que el Anticristo persiga con crueldad a Israel y literalmente hollará la santa ciudad de Jerusalén, pero no para siempre, solamente hasta que termine la tribulación, es decir solamente por cuarenta y dos meses. Entonces Jesucristo mismo se encargará de aplastar al Anticristo y a sus aliados en su segunda venida.